"Los nietos suben las fotos y los hijos se emocionan".

Pedro García, Tanatorios del Levante

Tres generaciones.

En Funermostra, la feria de Valencia, el podcast funerario de Vivo Recuerdo charla con Pedro García, de Tanatorios del Levante, un proyecto familiar con tres generaciones al frente. Gestionan dos tanatorios en la zona de Vera (Almería) y una funeraria vinculada a la tradición local. García lo cuenta sin artificios: creció «con los ataúdes en el salón», en una época en la que los pueblos velaban en casa y el material formaba parte del día a día.

Esa convivencia temprana con el oficio no borró lo esencial: el trabajo, dice, se mide por cómo se siente la familia al final del servicio. Para él, que den las gracias «con sinceridad» es un indicador de que el acompañamiento ha sido correcto. En su enfoque, lo primordial es la familia y que todo esté «conforme a como debe de estar».

Nuevos rituales.

García observa una evolución clara: funerales más ecológicos y ceremonias menos rígidas, más centradas en lo sentimental y en los amigos, sin perder el respeto. Recuerda que antes existían incluso plañideras contratadas y contrasta esa escena con una tendencia actual hacia un duelo más íntimo, donde el desahogo a veces ocurre en privado. Aun así, reivindica que el dolor no desaparece: «eso no se puede perder», insiste.

Su mirada compara culturas para subrayar una idea: recordar también puede incluir una risa. En algunos funerales, explica, se comparten anécdotas y momentos de vida, y esa mezcla de emoción es parte del homenaje.

Pantalla y alivio.

En ese punto sitúa Vivo Recuerdo como una herramienta que encaja con ese cambio. Para García, durante el velatorio la pantalla ayuda a activar memoria y conversación: «se saca una lágrima unido una sonrisa» al ver fotos de cumpleaños, carnaval o playa. Afirma que el ambiente pasa de «totalmente serio» a un recuerdo más humano, siempre «dentro de un respeto hacia el difunto».

Destaca además un patrón generacional: «las fotos las suben en la mayoría de los casos los nietos», y cuando los hijos las ven «se llenan de emoción». Su conclusión es sencilla: no cambia el duelo, pero sí el modo de transitarlo. Al final, recuerda, el homenaje se construye con momentos felices, porque los difíciles «ya llegan solos».