"Las familias ya preguntan por el servicio de las fotos".
Carolina Ruiz — Gerente, Funeraria Sant Romà
Empresa de pueblo.
En Funermostra, la feria de Valencia, el podcast funerario de Vivo Recuerdo entrevista a Carolina Ruiz, gerente de Funeraria Sant Romà, una firma pequeña e independiente que trabaja en Arenys de Mar y Canet de Mar. Son seis personas y sus socios, explica, son «gente de toda la vida del pueblo», un vínculo que aporta cercanía, pero también una exigencia diaria: el compromiso de estar a la altura de quienes te conocen de siempre.
Aunque no se define como empresa familiar en sentido estricto, Ruiz describe una cultura de trabajo «familiar» por la proximidad entre socios y equipo. Ese arraigo, añade, se nota en las costumbres: en su zona aún existen servicios en domicilio y hay familias que velan de día y de noche en casa, en parte porque los tanatorios se cierran por la noche.
Duelo más corto.
Tras 22 años en el sector, Ruiz observa una tendencia que le preocupa. Cree que la sociedad se ha «enfriado» y que se ha perdido parte del sentido de la muerte y la responsabilidad hacia los difuntos. Lo resume con datos cotidianos: antes un velatorio duraba ocho o diez horas; ahora se reduce a cuatro o cinco. Se colocan menos flores, se hacen menos recordatorios y crecen las incineraciones directas.
Para ella, el COVID marcó un punto de inflexión y dejó una «mala herencia»: la idea de que se puede despedir a alguien con algo demasiado simple. Antes, dice, pasar más horas era un gesto de respeto; hoy esa lógica parece diluirse, especialmente —intuye— en las grandes ciudades.
Fotos que unen.
En medio de esa simplificación, Ruiz destaca una excepción que valora: Vivo Recuerdo. Reconoce que al principio costó incorporarlo porque las familias lo miraban «con cara de esto, qué es», pero con el tiempo la percepción cambió y ahora preguntan directamente por «el servicio de las fotos». La experiencia, asegura, ha sido «altamente positiva».
Matiza su uso con sensibilidad: no siempre lo ofrece en pérdidas traumáticas o muy recientes, pero en despedidas esperadas y con una trayectoria vital larga, observa un efecto claro. «Se ponen alrededor de la pantalla» y, al recordar bodas, cumpleaños o bautizos, «ríen en este momento de dolor». La reflexión final es sencilla: recordar la vida no resta respeto; puede devolver humanidad al velatorio y ayudar a la familia a despedirse con un homenaje más completo.