"Cuando te dan las gracias, eso no lo paga el dinero".
Inmaculada Llamas — Directora, Funeraria Llamas
Tercera generación.
Desde la feria de Valencia, en el podcast funerario de Vivo Recuerdo, Inmaculada Llamas comparte la historia de Funeraria Llamas, un negocio familiar que acaba de cumplir 65 años y que ella lidera como tercera generación. Su llegada no fue lineal: se formó y ejerció como abogada, pero cuando su padre empezó a plantearse la jubilación, la continuidad pesó más que el rumbo profesional previsto. Lo resume con una frase directa: «la sangre tiró más que el derecho».
En su relato aparece una realidad conocida en el sector: dedicación total y renuncias personales. Lo vio en casa, con un padre que se perdió eventos familiares por atender servicios. Aun así, afirma sentirse plenamente satisfecha. Para ella, lo más valioso llega cuando un familiar se acerca, la abraza y da las gracias: «eso no lo paga el dinero».
Cambio de época.
Llamas repasa la evolución que vivió su propia empresa: del velatorio en domicilio, con sillas llevadas a casa, al tanatorio que al principio «se veía raro» en los pueblos y hoy es normalidad. Su visión actual, explica, pasa por rodearse de un equipo sólido y liberar tiempo para lo esencial: la atención a la familia. Por eso apuesta por informatizar procesos y avanzar hacia nuevas herramientas, incluida la inteligencia artificial, con un enfoque práctico: dedicar menos energía a tareas internas y más a acompañar mejor.
En ese marco sitúa la incorporación de Vivo Recuerdo, que conoció tras una demostración que le despertó entusiasmo inmediato. Reconoce que al principio hubo que formar al personal porque las familias preguntaban «todo», pero la adopción fue rápida.
Pantallas que unen.
Con el sistema ya integrado, Llamas describe cambios visibles: familias que se reúnen delante de la pantalla, comentan fotos, se cuentan historias y la conversación se desplaza del silencio al recuerdo compartido. «No vas a colgar fotografías tristes», señala, y esa idea explica por qué el ambiente se aligera sin perder respeto. Incluso surgen pequeñas dinámicas: «hay un pique sano» por quién sube más imágenes, y quien al principio rechaza participar acaba volviendo tras ver otra sala en funcionamiento.
El dato que destaca lo resume todo: «llevamos unas 7.000 fotos subidas». Su reflexión final apunta a un efecto humano: las pantallas no sustituyen el duelo, pero ayudan a transitarlo con memoria, conversación y un poco de alivio compartido.