"Una foto del servicio militar cambió por completo aquel velatorio".
Jaime Mayor, Tanatorio Crematorio de Jávea
Dos culturas.
En Funermostra, la feria de Valencia, el pódcast funerario de Vivo Recuerdo entrevista a Jaime Mayor, del Tanatorio Crematorio de Jávea, un centro que convive con una realidad particular: una comunidad inglesa numerosa y, con ella, maneras distintas de vivir la despedida. Mayor lo resume sin rodeos: «es diferente, muy diferente».
En los servicios españoles predomina el formato religioso tradicional. En cambio, explica, las familias inglesas suelen afrontar la ceremonia con más distensión: amigos o familiares suben a hablar, comparten historias de vida y «cuentan anécdotas». Ese gesto, dice, hace el momento «más ameno» y cambia el clima emocional del adiós.
Ayudar a despedirse.
Además de su labor en el tanatorio, Mayor es tanatopractor, un oficio poco conocido fuera del sector. Cuenta que llegó a ello por el deseo de ayudar en situaciones especialmente difíciles. No se trata solo de conservación, sino de reconstrucciones tras casos traumáticos, cuando el estado del fallecido impide a la familia acercarse.
Su motivación nace de una idea muy concreta: «no está bien tampoco que no se puedan despedir». Si la despedida no ocurre, explica, «se les queda ahí». Cuando el trabajo permite presentar al difunto con dignidad y serenidad, la respuesta es intensa: el agradecimiento no llega solo en el momento, sino cada vez que la familia lo vuelve a ver.
La foto inesperada.
En la evolución del sector, Mayor observa que ya no se trata solo del «servicio de toda la vida», sino de incorporar más elementos que acompañen y personalicen. Por eso apostó por Vivo Recuerdo, aunque reconoce que tardó dos años en poder instalarlo. Su razón es clara: «quita un poco el mal rollo». En lugar de conversaciones dispersas, la gente se agrupa frente a la pantalla, mira imágenes y el recuerdo abre temas que antes no aparecían.
Relata una escena que lo demuestra: una amiga de la hija llegó con su madre y aportó una foto antigua del fallecido haciendo el servicio militar con su marido. La viuda no sabía que existía. Al verla, nació una tertulia espontánea y emocional. «Fue la pasada», dice. La reflexión final queda servida: a veces, una sola imagen devuelve conversación, memoria y humanidad al velatorio.