"Las fotos sacan recuerdos que ni la familia sabía".

Rafa Carboneres, Funeraria El Amparo

Oficio heredado.

En Funermostra, la feria de Valencia, el pódcast funerario de Vivo Recuerdo conversa con Rafa Carboneres, de Funeraria El Amparo en Alberic. Su historia resume la continuidad de muchas empresas familiares: bisabuelo, abuelo y padre antes que él, y una vida marcada por un sector que, dice, ha cambiado «de la noche al día». Recuerda cuando el servicio empezaba en domicilio, con el difunto en casa y los vecinos entrando y saliendo, una normalidad de pueblo que hoy ya casi no existe.

Carboneres trabaja sin tanatorio propio, pero presta servicio en múltiples localidades gracias a acuerdos con instalaciones de compañeros. Esa forma de operar, explica, refleja una realidad del sector: puertas abiertas entre profesionales y una atención muy pegada al territorio.

Sacrificio real.

El entrevistado habla sin romanticismo del coste personal. «Si eso no lo tienes asumido en este sector, no entres», afirma, al describir llamadas que rompen comidas familiares y servicios que se encadenan en fines de semana enteros. En un pueblo, añade, el vínculo con las familias es más directo: no llaman a la compañía, llaman al nombre de la persona que siempre ha estado ahí. Ese contacto es lo mejor del oficio, pero también lo que más pesa, porque obliga a aprender a cerrar la puerta y soltar la carga emocional.

Reconoce además la parte invisible del trabajo: domicilios, hospitales, escenas duras y fallecimientos de todas las edades. Esa exposición constante, admite, pasa factura si no se gestiona bien.

Recuerdo compartido.

En ese contexto, Carboneres explica por qué incorporó Vivo Recuerdo aunque no tenga instalaciones propias: quería ofrecer algo más que una foto fija. Lo presenta como una despedida «un poquitín más alegre», enfocada a recordar cumpleaños, comuniones o bodas. Cuenta una anécdota que refleja el uso real: «le metieron cuatrocientas fotos» y la pantalla respondió sin problema.

También relata momentos que justifican la herramienta: imágenes que alguien no sabía que existían, recuerdos que reactivan conversación y, sobre todo, ese gesto mínimo pero potente: ver una sonrisa en plena tristeza. Su reflexión final es clara: el sector seguirá evolucionando, y quien acompaña mejor a las familias es quien entiende que innovar también es cuidar.