"El féretro les da igual. Buscan calidez y personalización".

Natalia Planas — Directora, Funeraria de Jesús

Llegó y se quedó.

En Funermostra, en la feria de Valencia, el podcast funerario de Vivo Recuerdo recibe a Natalia Planas, directora de Funeraria de Jesús (Murcia), además de gerente de una UTE de recogidas judiciales en la Región y presidenta de la asociación de empresas funerarias murcianas. Con 150 años de trayectoria a sus espaldas, su empresa es familiar, aunque su camino no fue el habitual: creció en Girona y venía del mundo del espectáculo y la organización de eventos, hasta que un verano se acercó a «echar una mano» y terminó quedándose.

Lo que la atrapó fue la dimensión humana. Al principio le costaba ver llorar a las familias, pero pronto encontró una recompensa clara: «cuando la gente te agradece tu trabajo». Para ella, el vínculo nace cuando se guía con cariño, se adapta el servicio a cada familia y se hace «bien hecho» en un momento especialmente frágil.

Un plus real.

Planas resume el cambio del sector en una frase directa: «ya no vale tener un féretro y dos coronas». En sus 18 años de experiencia, ha visto cómo el acceso a información y la evolución social han movido el foco. Hoy la familia busca calidez, protección y personalización: sentirse arropada y acompañada, por encima de lo puramente material.

Ese «plus» se construye con equipos formados, instalaciones cómodas y mejoras en sistemas informáticos que faciliten procesos. Pero también, subraya, con un cuidado extremo del difunto. Para ella, el trato al fallecido está al mismo nivel que el trato a la familia: la última imagen debe transmitir paz, como si estuviera descansando, porque eso sostiene el recuerdo.

Fotos que juntan.

En ese enfoque encaja Vivo Recuerdo, que incorporaron por ser «una opción diferente». Planas había visto proyecciones de fotos en ceremonias, pero limitadas a unos minutos. Aquí, en cambio, el homenaje se vive durante el velatorio: permite que alguien comparta una imagen que otro no conocía y que se revivan «momentos muy bonitos».

Describe un efecto reconocible: «ameniza», crea conversación y hace que la gente «monte los corrillos» frente a la pantalla. Aunque cada familia es un mundo, afirma que cuando lo usan les gusta «mucho, mucho», y que «es muy raro» que una sala no haga uso del servicio. La reflexión final queda clara: personalizar no cambia el dolor, pero sí puede hacer más llevadero el tiempo compartido, devolviendo humanidad al adiós.